Aprender a darle cariño a una persona que no tenía ningún grado de consanguinidad conmigo, fue muy fácil. María, una mujer morena y de contextura delgada, venía de un pueblo ajeno al Tolima, pero se esmeró tanto por cuidarme, que hoy en día verla sana y con una familia, es un orgullo para mí.
Los días de infancia pasaron entre juegos, risas y paseos con mis primos. Todos nos reuníamos en la casa de mis abuelos los fines de semana, veíamos películas, y hacíamos mímicas vallenatas en el equipo con un micrófono que sonaba por todo el taller de máquinas de coser, que dirigía mi abuela en el primer piso de la casa. Mis abuelos me inculcaron los valores que hoy en día proyecto, obviamente, sumados a los de mis padres, quienes me dieron todas las cosas necesarias para poder vivir, aprender y soñar en un futuro.
La época de colegio me enseñó que solo yo y nadie más que yo, era el dueño de mi propia vida. Mis amigos, mis profesores y demás compañeros, se convirtieron en ejemplos a seguir, mientras hablábamos de las cosas que haríamos cuando termináramos el bachillerato. La responsabilidad y el respeto fueron los principales aliados a la hora de poner un pie fuera de mi casa cuando iba a cualquier lugar, lo digo porque siempre quise recibir lo mismo, pero muchas veces no fue así, tal vez porque algunas personas no han sido privilegiadas de contar con buenas intenciones hacía los demás, como las tengo yo y muchos más. Sin embargo, eso no fue impedimento para seguir tejiendo metas, proyectos y planes para mi vida.
Cuando estaba terminando el bachillerato tenía tanta prisa de salir, que en algún momento pensé que el colegio era una añadidura para vivir. Pero, una psicóloga y el consejo de mi familia, me hicieron aterrizar que aquello a que me dedicaba todos y cada unos de los días que pasaban, era la base y el legado de mis progenitores para hacer realidad todo aquello que había soñado.
La universidad vino muy rápido, pero estrellarme contra el mundo y la realidad, fueron cosas que no se hicieron esperar. Tres años, luego de haber empezado dos carreras y conocer mucha gente, me di cuenta que siempre es mejor darle rienda suelta a nuestras aficciones, que a las órdenes de los padres. Y siempre, en algún momento de la vida, ellos, las personas que nos trajeron al mundo, terminan dándose cuenta que todo lo que los hijos hacen, se recompensa y muy seguramente, es la felicidad absoluta.
No me arrepiento de haber perdido tiempo, como la mayoría de la gente dice. La verdad, fueron años de aprendizaje y madurez, momentos para darme cuenta que es mas el tiempo que disfrutamos, vivimos y cumplimos sueños, que el que tardamos en aprender los conocimientos suficientes para valernos por si solos. Claro, nunca es tarde para aprender y tampoco para soñar.
Hoy, puedo decir que mi vida ha sido un camino de grandes aciertos, logros, reconocimientos y buenas oportunidades que se me han presentado, demostrando así que no soy un fracasado, como algunos piensan, pues les he tapado la boca a punta de buenas acciones y frutos obtenidos.
La vida sigue, hasta ahora empieza para mí y para todos los que estudian conmigo en la universidad. Éste, es un gran paso que sin duda me ha enseñado a darme cuenta que uno como hijo, no es como dicen ellos, ‘prestado’, tampoco alquilado, ni arrendado, simplemente cosechado. A ellos les voy a deber siempre lo que soy yo y seré luego, es solo que así como ellos decidieron hacer sus vidas por fuera de casa, nosotros también tenemos derecho de conseguir nuestros propósitos. Sin duda, ellos nunca van a escapar de nuestras mentes y corazones.
Estas dos décadas que han pasado para mí, me han demostrado que la vida es para vivirla cada momento, cada instante y cada segundo. La vida en una ciudad en desarrollo, se ha convertido en una aliada para mí, me hace pensar que puedo trascender, salir de aquí y buscar nuevos horizontes. Visitar otros países, otras culturas, conocer nuevas personas, sin dejar a un lado mi familia, es lo que quiero hacer cuando sea profesional, pero eso sí, lo quiero hacer solo, sin la ayuda de ellos.
Va a ser difícil desprenderme en carne del seno de una gran familia, pero sin duda, nunca lo hare de alma, porque por ellos estoy aquí y por mí dedicación, por supuesto.